Puente De Paz / 10 October, 2015

¿Por qué me pasa lo que me pasa?

Estas y otras preguntas son las que a menudo nos hacemos sobre el significado de la vida. La humanidad se siente impotente porque no encuentra respuesta.

Usualmente miramos a nuestro alrededor y nos decimos: ¿y será que los privilegios y la “buena suerte” sólo están destinados para un selecto grupo de personas? Muchas veces, nos comparamos con los demás y eso nos lleva a sentir una cierta frustración que causa infelicidad e inconformidad con la vida.

Que maravilloso sería tener la herramienta que nos permita cambiar nuestras circunstancias para lograr esa felicidad que nos llene por completo, que le veamos el verdadero sentido a la vida.

Eso es lo que nos ofrece la Soka Gakkai Internacional (Sociedad para la creación de valor) a través de la práctica Budista de Nichiren Daishonin. Esta es la herramienta que como prueba real hemos comprobado en nuestras vidas.

¿Cómo el Budismo enfoca la vida?

Todos ansiamos la felicidad. Y sin embargo, ésta siempre parece que está fuera de nuestro alcance. Numerosos filósofos abordaron la cuestión de la dicha humana. Pero sus conclusiones, sin excepción, han sido incompletas. Por muchos libros que aparezcan con recetas para ser feliz, el ser humano de hoy sigue acosado, en gran medida, por los mismos problemas que sus predecesores. El pobre quiere ser rico, el enfermo quiere salud, el que sufre de disputas familiares sueña con la armonía.

Pero aunque consigamos riquezas, salud y un hogar bien acomodado, igualmente nos veremos sujetos a otro tipo de problemas. Además, si por suerte diéramos con circunstancias que, aparentemente, reúnen todos los requisitos de la felicidad, ¿Cuánto tiempo podrían durar antes de que cambiaran?  Es obvio que no es para siempre.

Con todo, los problemas no son, de por sí, la causa fundamental de la infelicidad. De acuerdo con el budismo, la verdadera causa no es tener problemas, sino carecer de la sabiduría y la fuerza para resolverlos.

El propósito fundamental del budismo es permitir a cada persona comprender la verdadera naturaleza de su vida.

Conocer sobre la ley de la vida no siempre trae aliento a las personas que están sufriendo, particularmente a nosotras las mujeres. Como observaba el segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, pues éstas estaban confinadas a las 3 obediencias, y pasaban la vida subordinadas a alguien. Obedecían a los padres cuando eran niñas, a los esposos después que se casaban y a los hijos en la vejez. Esa ley lejos de dar esperanza hizo que muchas de ellas encararan la vida con resignación y pesimismo por no saber cómo transformar los sufrimientos.

Realmente nacemos con el destino preestablecido, y no hay nada que pueda hacer para cambiarlo?

Aunque todos nacemos en un mismo planeta y en condiciones muy similares, no hay dos personas que se desarrollen exactamente de la misma forma o en circunstancias idénticas. ¿Por qué tanta variedad de circunstancias y de destinos? El budismo brinda una respuesta clara, basada firmemente en la Ley de causa y efecto. Como señala el Sutra de la Contemplación: “Si queréis comprender las causas que existieron en el pasado, observad los resultados tal como se manifiestan en el presente. Y si queréis comprender qué resultados se manifestarán en el futuro, observad las causas que existen en el presente”. Más que enfocarse en el pasado, el budismo se interesa por el presente y el futuro, y nos alienta a enfrentar la realidad, por penosa que fuere, conscientes de que nuestros actos, de hoy en adelante, podrán modificar la influencia de nuestras causas pasadas.

Al conocer la filosofía budista, muchas personas escuchan por primera vez la Ley de Causa y Efecto, y eso les proporciona una nueva visión de la vida. La Ley de Causa y Efecto opera en la vida a través de las existencias pasadas, presentes y futuras. Esta causalidad sostiene la doctrina del karma, que explica que cada uno de nosotros crea su propio karma. Los pensamientos, palabras y acciones que llevamos a cabo en el pasado han dado forma a nuestra realidad actual; y nuestro comportamiento (verbal, mental y físico) en el presente, afectará nuestro porvenir. La Ley del karma explica las circunstancias en que nace un sujeto, su naturaleza individual y las diferencias que distinguen a los seres vivos y a sus ambientes.

El karma es un medio para explicar los efectos presentes,  pero también una fuerza potencial mediante la cual podemos ejercer influencia activa sobre nuestro futuro.

El budismo enseña que todas las personas poseen de manera innata un ilimitado poder y sabiduría; y revela el proceso que permite cultivar y desarrollar tales cualidades en un proceso dinámico de transformación personal, pasando del miedo a la confianza, de la destrucción a la creación, del odio al amor compasivo. A este proceso de cambio le llamamos Revolución Humana.

Tomar la decisión correcta en cada instante de nuestras vidas es algo sumamente difícil y requiere valentía. Nadie que tenga conciencia de que lo que le pasa es su propia responsabilidad puede culpar a otro. Además, la conciencia de que lo que uno hace ahora tendrá su efecto en el futuro induce a las personas a obrar de modo que generen buenas, y no malas, causas kármicas; lo que permite cultivar una independencia, confianza y respeto profundos, en lugar de sospecha y odio, en las relaciones humanas.

El budismo enseña que todos los seres humanos son capaces por naturaleza de hacer el bien o el mal, y que lo importante es reprimir nuestra maldad inferior y cultivar nuestra bondad, tratando como individuo de ser y de obrar mejor.

No está demás decir que la Fe en el Budismo de Nichiren Daishonin significa creer en el Gohonzon y entonar Nam-myoho-renge-kyo asiduamente. Cuando hacemos Gongyo y Daimoku, el estado de Budeidad emerge de nuestra vida. Como resultado, nuestras vidas se purifican. En términos prácticos, revelar nuestro estado de Budeidad significa en un sentido, desarrollar la fuerza vital vigorosa, con pasión y sabiduría con las cuales podemos accionar correctamente.

Con la convicción y eterna esperanza de que el budismo del Daishonin jamás nos dejará en un callejón sin salida, iniciemos una nueva partida basados en la Ley Mística de Causa y Efecto.

Para concluir, unas palabras de nuestro maestro de vida, el Dr. Daisaku Ikeda, que dicen: “Sólo cuando vencemos nuestras debilidades podemos disfrutar del verdadero éxito y honor. Nuestra fe y práctica budistas nos permiten levantarnos resueltamente y seguir perseverando por muy gigantescas que sean las olas del sufrimiento. Esta es la vida de los bodhisattvas de la Tierra y de los genuinos miembros de la Soka Gakkai”. “Los invitamos a que juntos seamos vencedores en la vida”.

Referencia: Tribuna Dominicana, junio 2015.

Estas y otras preguntas son las que a menudo nos hacemos sobre el significado de la vida. La
humanidad se siente impotente porque no encuentra respuesta.
Usualmente miramos a nuestro alrededor y nos decimos: ¿y será que los privilegios y la “buena 
suerte” sólo están destinados para un selecto grupo de personas? Muchas veces, nos comparamos 
con los demás y eso nos lleva a sentir una cierta frustración que causa infelicidad e inconformidad 
con la vida.
Que maravilloso sería tener la herramienta que nos permita cambiar nuestras circunstancias para 
lograr esa felicidad que nos llene por completo, que le veamos el verdadero sentido a la vida.
Eso es lo que nos ofrece la Soka Gakkai Internacional (Sociedad para la creación de valor) a través 
de la práctica Budista de Nichiren Daishonin. Esta es la herramienta que como prueba real hemos 
comprobado en nuestras vidas.
¿Cómo el Budismo enfoca la vida?
Todos ansiamos la felicidad. Y sin embargo, ésta siempre parece que está fuera de nuestro 
alcance. Numerosos filósofos abordaron la cuestión de la dicha humana. Pero sus conclusiones, sin 
excepción, han sido incompletas. Por muchos libros que aparezcan con recetas para ser feliz, el ser 
humano de hoy sigue acosado, en gran medida, por los mismos problemas que sus predecesores. 
El pobre quiere ser rico, el enfermo quiere salud, el que sufre de disputas familiares sueña con la 
armonía.
Pero aunque consigamos riquezas, salud y un hogar bien acomodado, igualmente nos veremos 
sujetos a otro tipo de problemas. Además, si por suerte diéramos con circunstancias que, 
aparentemente, reúnen todos los requisitos de la felicidad, ¿Cuánto tiempo podrían durar antes 
de que cambiaran?  Es obvio que no es para siempre.
Con todo, los problemas no son, de por sí, la causa fundamental de la infelicidad. De acuerdo con 
el budismo, la verdadera causa no es tener problemas, sino carecer de la sabiduría y la fuerza para 
resolverlos.
El propósito fundamental del budismo es permitir a cada persona comprender la verdadera 
naturaleza de su vida.
Conocer sobre la ley de la vida no siempre trae aliento a las personas que están sufriendo, 
particularmente a nosotras las mujeres. Como observaba el segundo presidente de la Soka Gakkai, 
Josei Toda, pues éstas estaban confinadas a las 3 obediencias, y pasaban la vida subordinadas a 
alguien. Obedecían a los padres cuando eran niñas, a los esposos después que se casaban y a los 
hijos en la vejez. Esa ley lejos de dar esperanza hizo que muchas de ellas encararan la vida con 
resignación y pesimismo por no saber cómo transformar los sufrimientos.
Realmente nacemos con el destino preestablecido, y no hay nada que pueda hacer para 
cambiarlo?
Aunque todos nacemos en un mismo planeta y en condiciones muy similares, no hay dos personas 
que se desarrollen exactamente de la misma forma o en circunstancias idénticas. ¿Por qué tanta 
variedad de circunstancias y de destinos? El budismo brinda una respuesta clara, basada 
firmemente en la Ley de causa y efecto. Como señala el Sutra de la Contemplación: “Si queréis 
comprender las causas que existieron en el pasado, observad los resultados tal como se 
manifiestan en el presente. Y si queréis comprender qué resultados se manifestarán en el futuro, 
observad las causas que existen en el presente”. Más que enfocarse en el pasado, el budismo se 
interesa por el presente y el futuro, y nos alienta a enfrentar la realidad, por penosa que fuere, 
conscientes de que nuestros actos, de hoy en adelante, podrán modificar la influencia de nuestras 
causas pasadas.
Al conocer la filosofía budista, muchas personas escuchan por primera vez la Ley de Causa y 
Efecto, y eso les proporciona una nueva visión de la vida. La Ley de Causa y Efecto opera en la vida 
a través de las existencias pasadas, presentes y futuras. Esta causalidad sostiene la doctrina del 
karma, que explica que cada uno de nosotros crea su propio karma. Los pensamientos, palabras y 
acciones que llevamos a cabo en el pasado han dado forma a nuestra realidad actual; y nuestro 
comportamiento (verbal, mental y físico) en el presente, afectará nuestro porvenir. La Ley del 
karma explica las circunstancias en que nace un sujeto, su naturaleza individual y las diferencias 
que distinguen a los seres vivos y a sus ambientes.
El karma es un medio para explicar los efectos presentes,  pero también una fuerza potencial 
mediante la cual podemos ejercer influencia activa sobre nuestro futuro.
El budismo enseña que todas las personas poseen de manera innata un ilimitado poder y 
sabiduría; y revela el proceso que permite cultivar y desarrollar tales cualidades en un proceso 
dinámico de transformación personal, pasando del miedo a la confianza, de la destrucción a la 
creación, del odio al amor compasivo. A este proceso de cambio le llamamos Revolución Humana.
Tomar la decisión correcta en cada instante de nuestras vidas es algo sumamente difícil y requiere 
valentía. Nadie que tenga conciencia de que lo que le pasa es su propia responsabilidad puede 
culpar a otro. Además, la conciencia de que lo que uno hace ahora tendrá su efecto en el futuro 
induce a las personas a obrar de modo que generen buenas, y no malas, causas kármicas; lo que 
permite cultivar una independencia, confianza y respeto profundos, en lugar de sospecha y odio, 
en las relaciones humanas.
El budismo enseña que todos los seres humanos son capaces por naturaleza de hacer el bien o el 
mal, y que lo importante es reprimir nuestra maldad inferior y cultivar nuestra bondad, tratando 
como individuo de ser y de obrar mejor.
No está demás decir que la Fe en el Budismo de Nichiren Daishonin significa creer en el Gohonzon 
y entonar Nam-myoho-renge-kyo asiduamente. Cuando hacemos Gongyo y Daimoku, el estado de 
Budeidad emerge de nuestra vida. Como resultado, nuestras vidas se purifican. En términos 
prácticos, revelar nuestro estado de Budeidad significa en un sentido, desarrollar la fuerza vital 
vigorosa, con pasión y sabiduría con las cuales podemos accionar correctamente.
Con la convicción y eterna esperanza de que el budismo del Daishonin jamás nos dejará en un 
callejón sin salida, iniciemos una nueva partida basados en la Ley Mística de Causa y Efecto.
Para concluir, unas palabras de nuestro maestro de vida, el Dr. Daisaku Ikeda, que dicen: “Sólo 
cuando vencemos nuestras debilidades podemos disfrutar del verdadero éxito y honor. Nuestra fe 
y práctica budistas nos permiten levantarnos resueltamente y seguir perseverando por muy 
gigantescas que sean las olas del sufrimiento. Esta es la vida de los bodhisattvas de la Tierra y de 
los genuinos miembros de la Soka Gakkai”. “Los invitamos a que juntos seamos vencedores en la 
vida”.
Referencia: Tribuna Dominicana, junio 2015.

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